Cuando más vale solo que mal acompañado: quiérete a tí mismo

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Ya desde las cárceles mentales llamadas religiones, como en la católica por ejemplo, te instan desde siempre a ello: ‘Ama a los demás como a tí mismo’. También te ‘obligan’ a someterte a los dictados de un supuesto dios y de unos mandamientos para alcanzar el paraíso: se nos educa desde pequeños a vivir de rodillas.

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Y esa sensación, ese sentimiento, ese estilo de vida es luego trasladado al campo de las relaciones personales en la vida del ser humano actual. El ‘ama a los demás como a tí mismo’ es considerado un ‘ama a los demás más que a tí mismo para que puedan quererte’. Por lo tanto, aunque en este planeta hay de todo, hay muchísima gente que se deja la vida por los demás sin recibir nada a cambio. Ni qué decir tiene que el ego y el egoísmo es una de las principales enfermedades de la conciencia actual de la Humanidad.

Hay muchos que se desviven por los demás: familia, amigos, conocidos y desconocidos, pareja, trabajo, etc. Y hay otros muchos que se desviven porque se desvivan por ellos.

En esto tenemos el ejemplo en cualquier aspecto de nuestro día a día en cualquier ámbito de nuestras relaciones personales: ¿cuál es la calidad de las relaciones que mantengo a diario? ¿quién da más, quién menos? ¿Quién se aprovecha de mi bondad, con quién tengo la obligación moral de ser bueno?

Millones de personas todos los días viven en la esclavitud moral de soportar que amigos, familiares, pareja, jefes, socios, colegas o desconocidos, se aprovechen de la bondad, de la servicialidad, de la educación de muchos seres de bien, seres de paz, seres con conciencia que por respeto, educación, y amor al prójimo, sonríen, bendicen, apoyan y regalan su energía a todo tipo de gente. En muchas ocasiones, la mayoría de esta gente ni se lo merece.

Cada uno puede ir comparando estos hechos en su vida, pero mira por ejemplo si en tu propia familia o en tu círculo de amigos cercano, tendrás gente que pasa de tí si tu no estás encima, y cuando te hacen caso es para contarte sus historias: tu vida no les importa lo más mínimo.

Quizá también te encuentras con aquellos seres cercanos a los que tú das siempre más que ellos a tí, de hecho eres un sirviente moral de seres con poco servicio propio. Puede ser tu propio hermano, tu madre, o tu mejor amig@.  Eres un empleado sin sueldo de gente que te tiene en su vida como asesor o consultor de aspectos personales, o simplemente como psicólogo siempre que se encuentran contigo o quedáis para veros. La conversación gira en un 90 por ciento en torno a ellos y cuando tú abres la boca, se hace el silencio. Esa gente tampoco se merece estar en tu camino.

También tendrás gente que nunca da su brazo a torcer, gente que sólo pretende que se realicen sus planes, personas egoístas que pueda haber en tu ámbito personal, familiar o laboral, donde sólo vale una idea, o un plan, su idea, y no hay opción al feedback, al intercambio saludable de energías, sólo a la queja, a la rabieta, a la pataleta o la indiferencia.

También está ese amig@ del alma o ese familiar que un día te das cuenta que nunca ha hecho nada por tí. Que esa relación se mantiene por todo el carbón que has puesto en la barbacoa, hasta que un día te das cuenta o que las chuletas se te queman, o si dejas de echar carbón, que se quedan crudas. Ni un gracias, ni una molestia, ni un acercamiento sincero y generoso, nada. Hay gente que no da nada porque nada tiene.

Pero hay un momento en la vida de todo ser humano, o debería haberlo, donde el individuo se hace consciente de la cantidad de carbón malgastado en cientos de barbacoas a lo largo de una vida. Con muchas de ellas compartes apellido en el DNI o compartes años de supuesta amistad. Es cuando retiras tu carbón de esas barbacoas cuando podrás comprobar cuál de ellas sigue encendida y cuál huele a chamusquina.

Nunca nos educan a querernos a nosotros mismos, amarnos y respetarnos en primer lugar a nosotros. Una vez que vamos consiguiendo analizar la calidad de nuestras relaciones personales, iremos dejando de consentir malgastar energías con nadie que no lo merezca, da igual quién sea, da igual que caiga quien caiga. Es cierto eso de ‘más vale solo que mal acompañado’ en cualquier aspecto de tu vida. Hay gente que sólo se merece el saludo y la distancia.

Es en este momento cuando puede que se te acuse de mala gente, de borde, de antipático, de que se te han cruzado los cables, de que no entienden tu cambio de actitud. De eso te acusarán aquellos que se alimentan de tu servidumbre y esclavitud una vez que recuperas tu totalidad, una vez que te quieres a tí mismo, una vez te das cuenta que no te merecen.

Pero en tu conciencia quedará siempre el haber hecho todo lo posible por mantener un equilibrio energético vivo y saludable en tus relaciones personales. Sólo así, creemos, merece la pena en términos evolutivos y de desarrollo personal el relacionarse con tu padre, tu hijo, tu prima, tu esposa o tu vecina del quinto. Respeto, igualdad y amor.

Si no es así, no esperes que nadie te quiera lo que tu no te quieres a tí mismo. Ese amor que buscas está en tu interior.

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